Pasó lo que ya sabíamos, la pitada fue monumental. Y sin querer ser pájaro de mal agüero, si se vuelven a repetir los equipos, mucho me temo que volverá a pasar lo mismo. Y es que cuando siempre se hace lo mismo, siempre ocurre lo mismo.

Sabíamos que iba a pasar y solo supimos hablar de sanciones, no sé si se han dado cuenta de que no funciona pero año tras año se ha abordado igual el problema y sigue y seguirá sin funcionar.

La solución pasa por hablar, pero no hablar de si pitar o no al himno, sino hablar de la realidad de lo que pasa en este país. Debemos poner las cosas encima de la mesa, lo único que puede pasar es que solucionemos un poco el problema. No digo que vaya a ser fácil, ni mucho menos, pero algún día tendremos que empezar, ¿no?

Hablemos, juntemos a los clubes, a las aficiones, a los organizadores, y porque no, a la Casa Real también si es que hace falta. No sirve decir que siempre se ha hecho así, porque así no funciona. Trabajemos juntos por el objetivo común, queremos seguir jugando esta competición y que triunfe el futbol. Antes del inicio del partido la tensión era mucho más clara entre las instituciones presentes que no entre los jugadores de los dos equipos.

¿Qué es más importante, el himno o que todos estemos cómodos? ¿Qué significa este himno para las aficiones? ¿Debemos sentirnos todos representados por él? La pregunta que lanzo ante esta situación es; ¿queremos entender cómo se siente un sevillano cuando alguien pinta al himno que le representa? ¿Queremos saber cómo se siente un barcelonés cuando se le hace escuchar un himno por el que no se siente representado?

Si queremos, seguro que podemos hacerlo aunque debamos cambiar nuestra cultura de confrontación por la del diálogo. Por el bien de todos, ojalá algún día empecemos a hacerlo.

Felicidades a las aficiones por demostrar que no era ningún partido de riesgo, y felicidades al Barça como ganador de la Copa.

 

Carol Pinilla

Centro Mediación Barcelona